El Verbo de Dios

Libro "La Biblia Aclarada", Cap. 23, Tomo 1

Narración: Hno. Mauricio Genolet

En el Evangelio según San Juan, cap. 1, vr. 1, dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas; y sin Él nada de lo que es hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz en las tinieblas resplandece; mas las tinieblas no la comprendieron.”

Es importantísimo este hablar de San Juan, porque nos declara que en el principio era el Verbo. Verbo quiere decir la segunda persona de la Santa Trinidad. Quiere decir entonces que antes de existir el mundo, existía esta Segunda Persona; existía este Verbo de Dios. Y si no, veamos con quién hablaba Dios, o díganme ustedes a quién Dios le podía dar tanta confianza, y más que confianza, porque se trata nada menos que como quien dice, de trabajar juntos, de hacer juntos una misma Obra, y ¿quién podía ser esa persona sino sólo el Verbo de Dios?

Vamos a leer en Génesis, cap. 1, vr. 26. Dice así: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces de la mar, y en las aves de los cielos, y en las bestias, y en toda la tierra, y en todo animal que anda arrastrando sobre la tierra.”

Voy a recalcar lo más importante de este versículo: “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”, y de estas pocas pero importantísimas palabras, extraeremos una: la palabra “hagamos”. Esto dice bien a las claras que Dios no trabajaba solo, trabajaba con esa segunda Persona Divina que era el Hijo de Dios.

Ahora, Verbo también quiere decir palabra y más en el sentido espiritual, en el lenguaje de Dios, en el lenguaje del Trino de Amor, en el lenguaje de acomodar lo espiritual a lo espiritual.

Así es que la Santa Trinidad surge sola, por el poder de uno solo, que es Dios. Porque Dios engendró a su Hijo Unigénito antes que el mundo fuese, por la palabra. Y de ahí el nombre de Verbo de Dios, porque esto se cumplió cuando Dios le dijo así: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.”

¿Entienden ustedes ahora cómo engendró Dios a su Hijo antes de los siglos? Quiere decir que Cristo es el mismo Dios, que ocupó el lugar de Hijo con el único fin de desarrollar esta Obra Maestra y Triunfal a través de los siglos.

Y si no, veamos cómo habló Jesús con Felipe, en San Juan (cap. 14, vrs. 7, 8 y 9): “Si me conocieseis, también a mi Padre conocierais: y desde ahora le conocéis, y le habéis visto. Dícele Felipe: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dice: ¿Tanto tiempo ha que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?”

En el mismo libro, cap. 17, vr. 5, Jesús habla así: “Ahora pues, Padre, glorifícame tú cerca de ti mismo con aquella gloria que tuve cerca de ti antes que el mundo fuese.”

En Apocalipsis, cap. 19, vr. 10 hasta el 14, dice: “Y yo me eché a sus pies para adorarle. Y él me dijo: Mira que no lo hagas: yo soy siervo contigo, y con tus hermanos que tienen el testimonio de Jesús: adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía. Y vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que estaba sentado sobre él, era llamado Fiel y Verdadero, el cual con justicia juzga y pelea. Y sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno entendía sino él mismo. Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre: y su nombre es llamado EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos que están en el cielo le seguían en caballos blancos, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio.”

Isaías, cap. 63, vrs. 2 y 3, hace esta pregunta: “¿Por qué es bermejo tu vestido, y tus ropas como del que ha pisado en lagar? Pisado he yo solo el lagar, y de los pueblos nadie fue conmigo: pisélos con mi ira, y hollélos con mi furor; y su sangre salpicó mis vestidos, y ensucié todas mis ropas.”

Este es el Verbo de Dios, que es también el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Ahora, la diferencia entre las palabras Verbo y Cordero, es de muchísima importancia; porque mientras el nombre de Cristo como Verbo nos lleva a los tiempos antes de la creación del mundo, la palabra Cordero de Dios nos trae a la era Cristiana, muchos siglos después de haber sido nombrado el Verbo de Dios. Porque si Juan el Teólogo lo nombra como hemos leído, en su libro y revelación el Verbo de Dios, lo hace tomando y mirando a Cristo en su grandeza de Rey de reyes y Señor de señores.

Son importantísimos estos diferentes nombres dados a Nuestro Señor Jesucristo. El Verbo de Dios corresponde perfectamente a la unidad del secreto de las Tres Obras, porque encierra y unifica la Obra del Creador, como está escrito (Apocalipsis, cap. 1, vr. 8): “Yo soy el Alpha y la Omega, principio y fin, dice el Señor, que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.”

Mientras que el nombre Cordero de Dios, parece adaptarse más a la Segunda Obra, sin desmerecer en nada la grandeza de su Nombre cuando es llamado el Cordero que fue inmolado. (Gloria a Dios).

Lo que quiero explicar, es que la palabra o nombre Verbo de Dios nos lleva al principio, al fundamento mismo de las cosas, nos lleva a antes de existir los pueblos, los cielos y la tierra. Creo que corresponde a su primer nacimiento, cuando fue constituído Hijo, y repito, fue constituído Hijo por la palabra, cuando le dijo: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.” Ya ven ustedes qué grandeza en este misterio de Dios. (Gloria a Dios).

Quiere decir que en esta forma, el nacimiento de Cristo en la tierra queda en un segundo orden. Y nadie lo puede negar, porque Cristo existió desde un principio.

Su nacimiento o presentación en esta tierra fue para imponer la ley, justicia y gracia del Creador, Dios Todopoderoso. Imponer la ley sin imposición, sino con justicia y verdad. Así es que nos vamos aproximando a los dos mil años del nacimiento de Cristo.

¿Pero cuántos siglos antes Dios le había dicho: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy?” Así que en realidad, yo les pregunto: ¿Cuándo nació Cristo? ¿Hace dos mil años o antes de los siglos?

Con esto, Elías, Mensajero de Dios y Eliseo, no pretendemos hacer otra cosa que un estudio bíblico, certero y ajustado de las cosas de Dios. Y ponemos a la vista y consideración de todos un estudio, que creemos es completamente grande y digno de meditación. Porque nuestro fin no es otro que el buscar mediante la gracia y guía del Trino Triunfal, la aclaración del misterio de la Biblia. (Gloria de Dios).

Toda persona que cree en la Santa Trinidad, cree en la existencia eterna del Hijo de Dios. Al creer en la existencia eterna del Hijo de Dios, se debe de creer y entender cómo Dios lo constituyó y en qué forma, llamándolo Hijo antes de los siglos. Y esto lo vamos a documentar bíblicamente con el Viejo y el Nuevo Testamento. Por ejemplo, San Pablo hablando de las excelencias de Cristo, dice en su Epístola a los Hebreos, cap. 1, vrs. 4 al 7 y 13, así: “Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos. Porque, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi hijo eres tú, hoy yo te he engendrado? Y otra vez: ¿Yo seré a él Padre, y él me será a mí hijo? Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en la tierra, dice: Y adórenle todos los ángeles de Dios. Y ciertamente de los ángeles dice: El que hace a sus ángeles espíritus, y a sus ministros llama de fuego.”

Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?”

Ahora, el Viejo Testamento hablando de estas cosas, lo dice con la autoridad de decreto. Ya pueden ver ustedes la importancia de la palabra.

Busquemos, pues, el Salmo 2, vrs. 7, 8 y 12, donde dice: “Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi Hijo eres tú; Yo te engendré hoy. Pídeme, y te daré por heredad las gentes, y por posesión tuya los términos de la tierra”. “Besad al Hijo, porque no se enoje, y perezcáis en el camino, cuando se encendiere un poco su furor. Bienaventurados todos los que en él confían.”

Es importantísimo este Salmo como documento, porque es Cristo mismo el que habla por boca del salmista por la inspiración divina, y habla con firmeza, con autoridad: “Yo publicaré el decreto: Jehová me ha dicho: Mi Hijo eres tú; Yo te engendré hoy.”

Ahora, meditemos: ¿Cuándo lo engendró? ¿Cómo lo engendró? ¿Fue o no fue engendrado por la palabra? ¿Se dan cuenta ahora por qué es llamado el Verbo de Dios?

Antes de ser formado el primer hombre, Dios hablaba con el Hijo y decía: “Hagamos al Hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.”

Ahora, el primer hombre, Adam, era terreno, quiere decir de la tierra, como está escrito: (Génesis, cap. 2, vr. 7): “Formó, pues, Jehová Dios al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida; y fue el hombre en alma viviente.”

Después encontramos escrito: “Y Jehová Dios hizo caer sueño sobre Adam, y se quedó dormido: entonces tomó una de sus costillas, y cerró la carne en su lugar; y de la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y trájola al hombre. Y dijo Adam: Esto es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne: ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada. Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y allegarse ha á su mujer, y serán una sola carne.”

Ahora bien, después de esto vienen los descendientes de Adam y Eva. Con esto me he propuesto ilustrar las distintas formas que Dios usó para engendrar a sus distintos hijos.

Por ejemplo: a su hijo unigénito, el Verbo de Dios, lo engendró por la palabra, cuando dijo: “Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy.” Desde entonces quedó constituída la Santa Trinidad. (Gloria a Dios).

Después de este acontecimiento, las Tres Personas Divinas de acuerdo, crearon al hombre del polvo de la tierra, y alentó en su nariz soplo de vida, y fue el hombre en ánima viviente. Después, en forma distinta creó a Eva. En forma distinta, digo, porque ya no la hizo del polvo de la tierra, sino de la costilla del hombre. Y después de esto, el mandamiento creced y multiplicad. (Génesis, cap. 1, vr. 28).

A todo esto, falta la creación de los seres celestes, o sea, los ángeles que están en los cielos.

Después de todas estas cosas y de esta documentación, viene el nacimiento de Cristo, el Mesías, en forma de hombre, naciendo otra vez en forma distinta a las ya anunciadas y documentadas bíblicamente en esta predicación. Esta vez nace el Hijo de Dios por virtud del Espíritu Santo, encarnándose en María Virgen.

Como ustedes pueden apreciar, es muy grandiosa la Historia del Hijo de Dios y del Trío Triunfal. Al Dios solo sabio, sea gloria e imperio, por los siglos de los siglos. Amén.

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